El poder de las palabras.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras.
Sin embargo, pienso que una sola palabra vale más que mil imágenes, porque las palabras te invitan a imaginar...
...y es más bonito jugar con la imaginación que ver directamente una imagen.


jueves, 2 de diciembre de 2010

Un espacio para dos, un espacio por y para la IGUALDAD.

Al leer un periódico, al escuchar la radio, al oír a la gente rumoreando por las calles, al ver la televisión durante un almuerzo familiar, al navegar por internet, al visitar a tu abuela y abuelo o al ver salir a niños y niñas de un centro educativo podemos identificar sin dificultad y, sin ser necesario pensarlo, que nuestra sociedad es como un pájaro en el que el hombre es un ala y la mujer otra, y hasta que ambas no estén posicionadas en igualdad nuestra sociedad no podrá despegar ni volar hacia un mundo mejor: no progresará. La convivencia no puede verse favorecida en un escenario donde haya alguno o alguna que domine y otro u otra en inferioridad. Varios principios fundamentales se corean al tiempo que se respira democracia: igualdad, libertad, tolerancia, convivencia, solidaridad… ¿Estamos en una sociedad democrática? ¿Existe realmente alguna sociedad democrática al cien por cien para todos y todas?



Es algo que siempre está ahí. Sólo hay que pararse un segundo y meditar. El mundo de los seres humanos no es el mundo de los hombres, sino el mundo de los hombres y de las mujeres. Las únicas diferencias existentes entre ambos son de carácter biológicas, las cuales no impiden que los hombres realicen tareas consideradas “femeninas” ni que las mujeres realicen tareas consideradas “masculinas”. Las diferencias peligrosas son las que ha creado la sociedad, el mundo de los hombres, la historia del machismo, nuestra sociedad patriarcal. Por lo tanto, el sexo de una persona no debe ser motivo de exclusión o rechazo de determinadas funciones de nuestra sociedad, es decir, biológicamente somos diferentes pero como seres humanos somos iguales. Con ello, hay que afirmar que el género es una etiqueta que la sociedad ha colocado y la causa de las desigualdades entre los hombres y las mujeres. Y todo esto va más allá: la violencia de género se cobra centenares de víctimas mortales en España y millares en todo el mundo (por no decir millones). Además, tan culpables son los agresores como las mujeres que no lo denuncian, tan culpables son la educación recibida como el silencio o la ignorancia consciente de los que no la sufren.



Se debe transformar la sociedad para mejorar, modificar la concepción social del término género por una percepción más igualitaria. Así sí podríamos reconocer con sinceridad que vivimos en una democracia. Esa transformación puede lograrse de varias maneras: eliminando anuncios y publicidad sexistas, concienciando a personas con mentalidad conservadora, etc. Sin embargo, es en educación donde se debe trabajar este tema, fundamentalmente. La educación puede transformar la realidad, eliminar desigualdades y concienciar.



Algunos o algunas ven imposible lograr lo que propongo y proponen otras personas. A pesar de ello, propongo que esas personas abran su mente, pues pienso que lo imposible sólo existe en la mente de los incapaces…

…y siempre diré que PODEMOS.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El calor de la amistad.

El frío me castigaba mientras dibujaba mi nombre en el cristal del autobús. Mi nombre solitario descubría detrás suya que había llegado a mi destino. Me bajé y la niebla cubría mi alrededor. Figuras fantasmales y estrellas que nacían en el horizonte se dejaban notar a cada paso que daba. Crucé la acera, miré al cielo y capté al fin el reloj del torreón de derecho: ya eran las ocho.

Mi cuerpo comenzaba a entrar en calor cuanto más próximo estaba de mi facultad. Y es que cuando un alma solitaria, que vaga por el frío invernal, siente la energía que necesita para continuar, empuja con fuerza y furia a un cuerpo dormido por la helada, y lo calienta para que pueda continuar.

Entonces lo comprendí: el espíritu me abandonó adelantándose a mis pasos, ya se encontraba entre las paredes de la facultad. Lo que realmente calentaba mi cuerpo, era el calor de la amistad. Estaba deseando reencontrarme con ese grupo de universitarios e universitarias que, prácticamente, se habían convertido en amigos/as.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Felicidades Nala.

Querida Paloma.

No recuerdo exactamente el momento en el que nos conocimos. No me refiero a cuando nos presentamos sin más, eso lo recuerdo bastante bien: mi primer día en Reactiv@s, donde una morena muy guapa me dijo que se llamaba Paloma. Me refiero al momento en el que comenzamos a congeniar, a compartir ideas, a compartir tiempo, a compartir amistad. Tampoco me preocupa pues lo que me es realmente importante es seguir siendo tu amigo.
Y mirando atrás, me sorprende todos los momentos que ya hemos pasado juntos: hemos jugado al futbolín, hemos viajado, hemos pasado frío, nos hemos reído, nos hemos apoyado en momentos duros, hemos amanecido juntos, hemos estado noches sin dormir fumando cachimba y viendo “luces místicas”, hemos paseado con las bicis, hemos cantado las mismas canciones ante la mirada envidiosa de alguna vieja del autobús, hemos pisado la arena de la playa, el agua de lagos y ríos, la vegetación de las montañas más bellas de andalucía...

Esa niña que conocí se ha hecho un poco más mayor, ha cruzado el umbral de los 18 y por ello te felicito. Pero realmente esta carta no sólo es para felicitarte por tu mayoría de edad.
También es para felicitarte porque, aunque no lo creas, veo como mejoras día a día, como te superas, como te levantas al caerte una y otra vez. Veo como aumenta tu compromiso con las personas, como comienzas a inquietarte tu futuro y como quieres luchar por ello. Aunque te sigo conociendo, he descubierto que tienes una personalidad única e irremplazable, que eres una persona con la que es agradable pasar el tiempo. Nadie ha elegido su vida, hemos nacido y hemos luchado para mejorarla, pero si hubiera tenido que elegir una vida, seguramente hubiese elegido la misma, porque creo que sería imposible encontrar a una persona como tú en otra vida. Por eso, quizás me debas felicitar tú a mí por tener tu amistad.

18 años, quizás no conté desde cuando te conozco, pero no voy a empezar a contar, pues espero que sigas cumpliendo años y yo siga cerca de ti. Y como nunca lo suelo decir, ahora aprovecho y te lo digo: TE QUIERO UN MONTONAZO. Felicidades de nuevo preciosa.

lunes, 11 de octubre de 2010

Un papel puede liberarte de la opresión de unos sentimientos negativos.

Otra vez. Algo dentro de él cambió de nuevo, dándose cuenta del maldito ciclo al que ha sometido unos sentimientos que pensaba que jamás reaparecerían. Fue poco a poco enterrándolos durante los últimos tiempos de su adolescencia, creyendo que nunca se desenterrarían. Un chico negativo mejoró su autoestima. Un chico tímido perdió la timidez. Un chico dolorido aprendió a aprender tras cada golpe, a levantarse tras caer. Un chico cambiante logró encontrar aquello con lo que se identifica: rap, rock y heavy metal. Un chico mediocre consiguió ser constante y lograr conseguir cualquier cosa que se propusiera a base de esfuerzo, ilusión y optimismo. Pero no sabía que tarde o temprano se tendría que enfrentar por enésima vez al mismo enemigo que le ha venido acosando desde que “salió del cascarón”: el miedo a la soledad, la falta de seguridad en sí mismo, el bajón de autoestima, el sentirse distanciado de todo, de las personas, del amor, del mundo. En esos momentos ese chico se siente distinto, vacío y terriblemente envidioso: por qué los demás sí… Quizás se deba enfrentar a todo eso, no para enterrarlo, sino para sacarlo de su vida; se ha convertido en una espinita que daña lentamente su alma, una sanguijuela que le va chupando optimismo, nublando su mente y reduciendo lentamente los latidos de su corazón. Descubre día a día que el corazón no muere cuando deja de latir, sino cuando late sin sentido.
Un buen amigo, de los pocos que tiene ese chico del que hablo, le dijo una posible verdad, una esperanza a la que se aferra más que nunca: “no encontrarás a la chica perfecta, sino a la chica perfecta para ti”. No obstante, ese chico sabe tras muchos palos que no debe buscarla, simplemente dejar que aparezca cuando llegue el momento elegido por el azar de la vida. Los pensamientos no le dicen nada bueno, no le prevén el éxito… siguen torturándolo. Ha llegado el momento de que tape sus oídos, cierre sus ojos y escuche a su corazón: “sé tú mismo, haz lo correcto. Siembra, cuida tus actos. Tal vez alguna tormenta dañen algunos frutos, pero sigue sembrando. Algún día podrás recoger tus frutos, mirar al pasado y sonreír a los pensamientos que habrás echado de tu mente”. Como dijo otras veces, “no puede buscarlo, simplemente seguir levantándose por las mañanas y esperar”.
En todo este sin sentido el chico se ha terminado dando cuenta de que está en el suelo, levantándose. Ha conseguido expulsar gran parte de unos sentimientos negativos con mi ayuda. Él sabe que no sólo sirvo para secar lágrimas: también puedo ayudarte a desnudarte espiritualmente, substraerte la espina que daña tu alma y liberarte. Él ha aprendido a desahogarse conmigo, y puedes hacerlo. Soy el único que no te va a interrumpir cuando hables.
Si las lágrimas son la tinta perfecta, yo, el papel, soy el más adecuado para limpiar tu alma, iluminar tu mente y reanimar tu corazón. Puedo guiarte a la libertad.

jueves, 5 de agosto de 2010

Rumbo fatal hacia el destino de los vivos.

Como otro día cualquiera, el sol se dejaba ver entre las montañas del fondo, esta vez las nubes le acompañaban como si a la esfera dorada y resplandeciente se le hubiesen pegado las sábanas. Me incorporé al tiempo que los gallos anunciaban un nuevo día. La brisa fresca de una mañana primaveral, el sonido de los pájaros, el agradable aroma inconfundible del campo, cuyo verde se extendía hasta perderse en el horizonte, constituían un momento único, bello e ignorado por otros seres de la Tierra.
Me disponía a desayunar cuando mi compañero me miró, con los ojos entreabiertos, despertándose. Se levantó y fuimos a deleitarnos con un desayuno fresco y sencillo, como de costumbre. El tiempo pasó deprisa y, cuando nos descuidamos, el resto de nuestros compañeros ya estaban a nuestro alrededor buscando la sombra de los árboles para protegerse del calor propio de ese día. Acudí a un pequeño riachuelo, sediento, cuya agua fresca provenía de esas bellas montañas que en inviernos cubren su cumbre de blanco.
Era apetecible echarse un rato en esa hierba para reposar y disfrutar de la paz y la armonía de ese paraíso, pero sentí que me vigilaban. Giré mi cabeza hacia la derecha, y descubrí cuatro extraños seres, mirándonos fijamente. La curiosidad se apoderó de mí e hizo que acudiera al encuentro de éstos. Me detuve enfrente de ellos, examinándoles de arriba abajo. Uno de ellos me resultaba familiar, pero los demás eran caras nuevas. Pensé que eran inofensivos, así que bajé la guardia y volví con mis compañeros.

De repente, el ser que me era conocido nos llamó a tres de nosotros. Había algo grande tras él, una estructura extraña. Nunca lo había visto, no era un árbol, ni una roca, ni una caseta de madera, ni un muro de piedras: unas puertas se abrieron y nos invitaron a entrar. Nos separaban de nuestros compañeros: ese extraño objeto gigante donde nos encontrábamos comenzó a moverse y, a través de unas pequeñas ranuras en la puerta ya cerrada, veía cada vez más lejos el lugar donde viví hasta entonces, mientras una lágrima valiente se dejaba caer por mi rostro.
Hacía mucho calor y tenía demasiada sed, pero no encontraba el modo de salir de ahí para buscar un riachuelo, ni agua fresca dentro de este extraño e incómodo lugar movible. Así que simplemente tuve que asimilar la situación y dedicarme a mirar por la ranura de la puerta para estar entretenido, mientras me preguntaba constantemente a dónde nos llevaban. La sed, el hambre, la oscuridad y el aburrimiento provocaron que tirase la toalla y cerrara los ojos, buscando desesperadamente perderme en sueños profundos.
Una intensa luz me iluminó y me despertó, arrancándome de mi paraíso campestre para arrastrarme de nuevo hasta esa extraña plataforma movible, cuyas puertas ya se abrían. Dos seres desconocidos, quizás los que anteriormente vi en mi hogar, nos obligaron a salir de allí, y descubrí conforme salía, un suelo bastante gris, cubierto por numerosos soles y montañas extrañamente estructuradas perfectamente, rectas y con luces en su interior. El aire de esta zona estaba bastante cargado, a penas sentía alguna brisa y tampoco escuchaba el sonido de ningún río. Me detuve, miré al suelo pero no veía ninguna planta y era bastante duro, miré al cielo pero no veía estrellas, por lo que dudé si realmente era de noche. La luna era la única que no me había abandonado, además de mis dos compañeros, tan sorprendidos y confusos como yo. Escuchaba el sonido de los pájaros, por lo que el amanecer estaba bastante cercano, así que habría pasado la noche en el interior de esta incomodidad que nos condujo a este mundo tan extraño.
Mi estado de ánimo cayó estrepitosamente al tiempo que esos dos seres daban gritos y nos obligaban a avanzar hasta el interior de una gran roca con numerosas entradas. Más seres de la misma especie acompañaron a los mencionados para obligarnos a mis dos compañeros y a mí a entrar. Finalmente, me encerraron en un lugar cerrado por cuatro paredes, completamente a oscuras, aunque tenía la esperanza de que con el amanecer comenzara a quitar un poco la ceguera que provocaba estar en ese lugar, pues no veía nada.

El tiempo pasaba, se me hacía interminable, me desesperaba. Tenía hambre, calor, muchísima sed y ganas de chocarme contra la pared. Me estaba volviendo loco y, sin ningún sueño, me dedicaba a examinar la oscuridad. El silencio se hizo sonoro, dejé de escuchar tan sólo mis escandalosos pasos para descubrir que algo ocurría en alguna parte del exterior más próximo. De repente una intensa luz volvió a cegar a unos ojos cansados de mirar y no ver. Alguien entró en el lugar donde me encontraba y me obligó a salir de él. Lo veía todo borroso conforme más me aproximaba a la luz que me acababa de sorprender. La incertidumbre se apoderó de mis pasos, que con torpeza caminaban discutiendo si avanzaban o retrocedían. Quise ser prudente, pero poco a poco me acabó envolviendo un miedo, cuyos efectos no lo manifestaba externamente, sino en mis razonamientos. Quise ser positivo, por lo que pensé que simplemente el miedo era exceso de prudencia.
Finalmente salí de aquel lugar, bastante forzado. Sonidos extraños envolvían el ambiente. Descubrí albero acompañado de suelo duro bajo mis pies, por lo que quizás sería el momento de regresar a ese lugar donde pertenezco, donde soy libre. Mi vista intentaba acostumbrarse a tanta luz tras tanto tiempo en las sombras, pero de nuevo los extraños seres que me transportaron aquí me obligaban a avanzar sin descanso y sin sentido aparente. Con tranquilidad me disponía a cumplir sin remedio esas órdenes, pero me comenzaron a hacer daño, provocando que demostrara el efecto de largo tiempo corriendo por las verdes praderas que ya añoro con locura.

Me precipité sobre la más fugaz de las luces y salí ciego al exterior a toda velocidad. El sonido de una multitud gritando y aplaudiendo castigaba mis oídos y alimentaba mi confusión. Una figura dorada se interponía en mi camino a la nada. Me dolía la vista, así que cerré los ojos y seguí avanzando, disminuyendo la velocidad hasta pararme. El sudor bañaba mi cuerpo, quería encontrar la sombra en ese lugar, así que poco a poco abrí mis ojos para intentar acostumbrarme al ambiente. Bajo mí distinguí, de nuevo, albero y, poco a poco, giré la cabeza a mí alrededor para buscar alguna sombra para protegerme del sol o agua para saciar mi gran sed. No obstante no encontré nada. Estaba encerrado por muros de piedra rojizo, sin aparentes salidas. Ahora sí, distinguí miles de seres extraños como los que me echaron de mi hogar, en la parte superior, rodeándome. La figura dorada se volvió a aproximar a mí, y comenzó a gritarme, a insultarme, a echarme tierra en mi rostro. Era otro ser como todos los demás, aunque con una piel resplandeciente. Finalmente, tras sacarme de quicio, intenté asustarle corriendo hacia él, pero con bastante agilidad esa figura me esquivó, poniendo en su lugar esa especie de tela con la que me choqué anteriormente, mientras la multitud de los muros rojos cantaban y sonreían. Repetí en vano la misma operación, hasta que me invadió la curiosidad y comencé a caminar muy cercano al muro. Por unas ranuras otros tantos seres asomaban la cabeza incluso el cuerpo, y se escondían cuando me aproximaba a ellos.

La figura dorada volvió a sacarme de quicio y, cuando intenté asustarla de nuevo, me esquivó. Pero esta vez me hizo algo más. Grité de dolor, pues sentí como atravesaban mi espalda con algo afilado. La sangre se deslizó hasta caer lentamente, pintando el albero. Intenté sacarme lo que sea que tenía en la espalda, pero no lo conseguía. Confundido y furioso cargué con mucha más dureza contra esa figura dorada, que seguía esquivándome al son de los cánticos de unos seres que me parecían cada vez más extraños. Tras un rato de embestidas a esa manta que se interponía entre mí y la figura dorada, sentí como, de nuevo, me atravesaban la espalda. La sangre seca fue cubierta por otra más caliente. La herida esta vez me hacía más daño. Me escocía la espalda. Giré la cabeza y conseguí ver una especie de palo de colores que se movía al moverme y que igualmente me hacía sufrir. En ese preciso instante, en el que el hambre, la sed, el cansancio físico, la falta de aire y el daño que ese ser me estaba propiciando me torturaba, comprendí una cosa: si no luchaba jamás regresaría a mi tierra, jamás saciaría mi sed o mi hambre, jamás volvería a ver a mis seres queridos. Tendría que esforzarme para sobrevivir, tendría que derribar al ser dorado para intentar huir o ser aplaudido con estos seres de los muros, sedientos de sangre.

Mientras goteaba sangre, sabía que mi cuenta atrás se aceleraba. Con casta y coraje comencé a correr contra ese ser nuevamente, siempre en vano. El dolor de mi espalda era significativo, sobre todo tras recibir el tercer golpe afilado acompañado, como no, con el aplauso de esos horribles seres de los muros. ¿Qué hemos hecho los habitantes de mi especie para ser sometido a tanta injusticia?, me preguntaba mientras miraba al suelo. El ser dorado me miró con crueldad y aires de superioridad. Al ver que yo permanecía inmóvil, bajó la guardia y se giró con el aplauso de su público. En ese momento, la ira y las ansias de libertad se apoderaron de mis pasos y con fuerza y velocidad arremetí contra ese ser. De nuevo, me esquivó, aunque esta vez más torpemente. Me giré rápidamente porque sabía que esa vez sería mi gran oportunidad de liberarme, y corrí hacia él. Me puso por medio esa tela, pero ya no me la iba a jugar más. Tras pasar la tela me detuve en seco, miré a mi izquierda y a mi derecha velozmente y, al encontrarle, me precipité sobre él, derribándolo. Creía que los seres de los muros aplaudirían mi actuación, pero, al contrario, se llevaron las manos a la cabeza, gritaron con terror y me abuchearon.
No comprendía nada, me detuve en medio de ese lugar al tiempo que los seis palos afilados de colores seguía torturando mi espalda. Varios seres entraron para rescatar al dorado, pero ¿a mí quien me rescata?, pensaba. No me podía creer que en ese momento valiese más aquel que luchaba ansiando sangre que el que ansiaba libertad: ni siquiera había igualdad. El cansancio se apoderó de mí y me dejé caer sobre mis pies.
Después de descansar un poco en el centro de ese lugar, subí un poco la cabeza, descubriendo que se volvía a aproximar el ser dorado. Llevaba consigo, además de esa ridícula tela, un palo afilado, una espada.

No podía levantarme, mi visión se nublaba a la vez que se acercaba ese cruel ser. Escupí sangre, respiraba costosamente y con seriedad miraba a mi enemigo. Había llegado mi hora, sentí un fuerte dolor en la nuca, me estaban atravesando. De reojo observaba a esos seres en los muros riendo, cantando y festejando mi muerte. La sangre inundó el suelo, mi cuerpo lentamente se desplomaba hacia la izquierda y ya no podía respirar, pues me estaba ahogando en sangre. Dos lagrimones nublaron por completo mi vista, la cual ya regresaba a esa tierra que añoro: a esos montes, ese verde, esos ríos, esos árboles, mi familia, mi hogar, mi libertad. Sentí de nuevo la brisa, volví a ese extraño lugar una vez más, sintiendo que me cortaban mis orejas y me arrastraban por el suelo y, finalmente, regresé a ese sueño. Ya no sentía dolor; ya no tenía ni sed, ni hambre, ni miedo; la muerte me esperaba y yo iba a ella, con ganas, pues ese ser, que creo recordar que se llama humano, me había robado mi sueño: vivir…



…ya regresaba a esa tierra que añoro: a esos montes, ese verde, esos ríos, esos árboles, mi familia, mi hogar… mi libertad.




¿Cultura o tortura? Sí, es una pregunta retórica: ya conocemos la respuesta...

martes, 13 de julio de 2010

ME ROBARON EL PODEMOS, Y AHORA NOS ROBAN EL AU AU AU!!!, ESPAÑA!!, GRACIAS!

Dos lagrimones valientes se escaparon de mis ojos cuando el árbitro pitó el final del partido, mientras narraban que “por fin, lo hemos conseguido. Somos Campeones del Mundo”. Fue la culminación de los cuatro días más intensos y apasionantes de mi vida, a lo largo de los cuales me he sentido monitor, amigo visible e invisible, caballero oscuro, capitán espartano y más español que nunca. Cuatro días durante los cuales perdí la noción del tiempo, sustituyéndose por felicidad y múltiples carcajadas, por no olvidar las dos caídas más dulces de mi vida: la primera durante una carga espartana a una cadena en plena noche y la segunda tras el gol de Iniesta, escaleras abajo. La euforia recompensó a una mente que desde antes de la Eurocopa de hace dos años se había vuelto optimista. Marcó Iniesta, y mis gritos, mis saltos, mi caída, mi piel de gallina, mi pasión, mis ganas, desahogaron mi alma, con tantas cosas que tenía que sacar de mi espíritu. Celebré que el sufrimiento de todo tiempo anterior siempre se recompensa y me dejé llevar por el instinto y mi corazón, dejando respirar a la razón. Desaté toda mi furia y mi tensión acumulada a lo largo del tiempo corriendo sin parar y en varias ocasiones a “sprinte” desde mi casa hasta Palmete, para abrazar a uno de mis mejores amigos, español de sangre y espartano de corazón.
Un dicho tradicional de nuestra cultura dice que “nos moriremos sin ver ganar un mundial a España”, pero porque no saben que existe una palabra llamada PODEMOS. Y es verdad, abusé de esa palabra desde que la puse en la calculadora antes de aprobar mi primer examen de Física, allá por cuarto de ESO, hasta hoy. Pero funciona. Creo que he hallado el secreto del éxito: esfuerzo, comprensión, deseo y optimismo. Y lo mejor: España también lo ha hallado y ha levantado millones y millones de corazones que por un momento han olvidado sus problemas y diferencias, uniéndose en una marea roja común y diversa. Ya lo dije en 2007 en el rap de Reactiv@s: “todos somos uno, juntos Podemos”. Me lo robó CUATRO por un bien común, y ganamos la Eurocopa del año siguiente. En el campamento del pasado año surgió un grito y el forjamiento de una identidad de grupo espartana: Leónidas!!! Au! Au! Au! viéndose transformada en este campamento, por un: “Espartanos!, cual es vuestro oficio!!... AU AU AU!!”. A nosotros; Cubero, Reyes, Manu, Jesús, Jesús II y Javi Portillo; se nos puso la piel de gallina, pues Sergio Busquets dijo, durante la celebración de lo logrado nuestro lema, el ya citado “ESPARTANOS CUAL ES VUESTRO OFICIO!!!! y España entera cantó nuestro “AU AU AU!!!!!!!!!!!”.

Sentirse orgullosos y orgullosas de donde procedéis, del por qué lucháis. Sentirse feliz y a la vez humildes ante los éxitos, pequeños o grandes, de vuestras vidas. Sentirse GRANDES por cada deseo, esfuerzo, podemos, acto y hecho. Nunca bajar los brazos en días de tormenta, pues al final siempre sale el sol.

GRACIAS ESPAÑA POR EL MUNDIAL QUE NOS HAS REGALADO. GRACIAS APREDAT, AJA Y REACTIV@S, POR CAMBIAR MI VIDA. GRACIAS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DE PRIMERO DE PEDAGOGIA, POR HABERME HECHO SENTIR UNO DE VOSOTROS Y VOSOTRAS EN LA CLASE MÁS BUENA DE MI VIDA. GRACIAS!

ANIMO ABUELO, ERES EL MEJOR PACIENTE DEL VIRGEN DEL ROCIO Y EL MEJOR ABUELO QUE SE PUEDE TENER! TE RECUPERARÁS PRONTO, LO SE,

y… sabes por qué? …

…porque PODEMOS!!!!

y porque nuestro destino no es alcanzar una meta, sino alcanzar la promesa de seguir “PALANTE”! sin temor a nada, ni siquiera a “un millón de persas” xD

Espartanos!! cual es vuestro oficio???

AUUU! AUUU!! AUUUU!!!

miércoles, 7 de abril de 2010

Objetos que cuentan mi vida.

Hay muchas formas de transmitir, de enseñar, de mostrar, de exponer momentos, situaciones, experiencias que hemos vivido: hay muchas maneras de contar una historia, de contar cualquier aspecto de nuestra vida. Una de esas formas es mediante lo que esconden detrás unos objetos que han participado en nuestra vida de una manera determinada. Esos objetos aparentemente en sí, por su propia naturaleza, no tienen ningún significado, pero pueden contar muchas cosas y pueden influir en la vida de una persona de manera muy notable, o representar algún momento especial si conseguimos ver más allá de ellos, a través de ellos, si conseguimos darle un significado, abriendo nuestra mente y cruzando el universo de las cosas.
Toda persona se socializa, se adapta a la sociedad, aprende, se ve influenciada, se educa… y en este desarrollo de la persona juegan un papel importantísimo el aprendizaje, las emociones, la motivación, el placer con el que se hacen las cosas o la finalidad por las que se realizan. Muchos aspectos psicológicos intervienen en el desarrollo de la persona. Mediante este comentario transmitiré, apoyándome en cinco objetos (o alguno más) que han participado en mi vida, mi propio desarrollo, mis cambios en mis pensamientos, en mi ideología, mis momentos de felicidad o depresión más importantes que han podido influir de forma y manera que haya construido mi personalidad y mis caminos, pues ha podido orientar mis pasos en mi vida, y como diría A. Machado, “se hace camino al andar”. A continuación expondré, intentando que siga un orden cronológico, los objetos seleccionados, los cuales los iré incluyendo conforme reflexione y explique esos momentos de mi vida que considero importantes.
Hay muchas perspectivas para mirar el ámbito educativo, y muchas discusiones que encontramos ayer y hoy. Por ejemplo, un modelo pedagógico defiende el aprendizaje de la lengua, de la lectura desde lo más individual como lo es una letra o sílaba y, mediante la combinación de éstas, formar palabras, frases, enunciados… es decir, estrategias de lecturas silábicas. Otro modelo defiende justo lo contrario, el aprendizaje primero de las palabras para ir descubriendo las partes que las componen, comenzando así con una visión más holística y general que antes. Mi aprendizaje se sitúa en el primer modelo dicho, y he aquí mi primer objeto: “Gran Diccionario de Carlitos” (Charlie Brown). Así comenzó mi introducción al mundo de la cultura, de la educación, del conocimiento, mediante este tipo de aprendizaje.



La educación primaria la inicié y la llevé a cabo en un centro privado-concertado perteneciente al Opus dei, una institución que posee una ideología que me comenzaron a intentar inculcar desde mis 5 años de forma manifiesta y latente. Educación diferenciada, estricto en lo religioso (rezar cada vez que se entraba o se salía del aula, ir a misa, estudiar religión obligatoriamente…) clara distinción de funciones entre el hombre y la mujer (había jardineros, pero no jardineras, cocineras pero no cocineros, limpiadoras pero no hombres de la limpieza, no se permitía que accediera al centro ninguna niña o mujer sin previa autorización del director, etc.), nada de educación sexual, un intento constante de convencer de su ideología tanto a padres y madres como ha discentes… me atrevería a decir que poseen una ideología machista. Con esta breve descripción del entorno donde comencé a aprender, a socializarme en algo ajeno a lo familiar, quiero introducir un segundo objeto, pero antes debo decir que mi manera de pensar comenzó a discrepar, a volverse escéptica con la mencionada ideología de esta institución educativa ya bien avanzado los primeros años de secundaria obligatoria (segundo, tercero). Hasta entonces, era un ingenuo, un chico tímido que se creía o se veía obligado a creer todo lo que le expusieran con una justificación con algo de lógica. Doce años. Ese es el tiempo que he permanecido rodeado en este ambiente, aunque no es negativo, y transmiten muchos valores que considero positivos, si fuera por mí, hubiese escogido otra institución donde escolarizarme. Este es el resultado del pluralismo escolar: se quiere fomentar la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto, la libertad de elegir, pero realmente mediante esto el/la alumno/a no tiene esa libertad de elección, pues recae en los padres. Por ello apoyo la existencia de escuelas pluralistas. Así los hijos son los que pueden elegir dentro de la misma institución y se aprendería conviviendo en diversidad, pues la sociedad es plural y la clase es el reflejo de la misma.
No podría explicarlo, pero hubo un momento en el que en mí surgió la necesidad de buscar la explicación de las cosas, de preguntarme cosas, de dudar. Y ese momento se intensificó durante segundo de ESO. Si tuviera que explicar todo lo que me preguntaba en este comentario tendría que escribir un libro o dos, y adjuntarlo o recomendarlo simplemente, pues es bastante amplio. Pero puedo decir que me incliné al otro extremo de lo que me intentaba transmitir mi instituto, me volví prácticamente ateo. Y ahora sí, puedo incluir un segundo objeto, que coincide con el periodo en el que me cuestionaba cosas como nunca: mi primer disco de hip-hop.



Hasta entonces, la música no me había llamado la atención, pero un amigo me pidió que le guardara un disco. Mi curiosidad hizo reproducirla en el Windows 95, y descubrí a un rapero llamado Fran T, quien en pocos segundos me enseñó que existen muchas formas de ver las cosas, que no sólo existe una… y era verdad, “hay más religiones” pensé. Me sorprendió la manera de mostrar sus ideas, mediante rap, rimando frases y acompañándolas con un sonido que me comenzó a atraer. Y desde entonces comencé a practicar, a rimar, a interesarme la poseía, las rimas, rimar, rimar y rimar… decir las cosas así, me gustaba y me hacía feliz conseguir buenas rimas. Comencé a aprovechar las clases de religión y de ética para crear poesía, o rap, y criticarlo todo. Más tarde descubriría a “Nach”, al “Satu”, al “Tote”, etc., ha distintos raperos españoles que hicieron que aprendiera a abrir la mente aun más. Podría indicar algún objeto como el diploma como primer clasificado en el concurso literario y poético de mi instituto, que reflejaría esto, y también adjuntar aquí la poesía que hizo posible tal hazaña personal:



Palabra.

Si yo pudiera, cambiaría el mundo,
para que me escuchen los sordos y me hablen los mudos.
Si yo pudiera, sería como el viento,
para acariciar el rostro de la persona que quiero.
Si yo pudiera, sería como las nubes,
para llover en desiertos donde el agua no abunde.
Si yo pudiera, sería como el sol,
para iluminar el camino correcto en momentos de confusión.
Si yo pudiera, sería la justicia,
para equilibrar el bien y la malicia.
Si yo pudiera, sería el mar,
para poder a los humanos limpiar y sanar.
Si yo pudiera, sería tu ángel de la guarda,
para ayudarte a distinguir acciones buenas y malas.
Si yo pudiera, sería un poderoso político,
para hacer que no existan ni los pobres ni los ricos.
Si yo pudiera, quitaría las armas,
para que los hombres se defiendan con la palabra.
Si yo pudiera, sería dios,
para actuar siempre en momentos de destrucción.
Pero solo soy un hombre y solo tengo un arma:
y de una gran arma se trata,
no es un hacha, no es una espada
no es una pistola ni una lanza:
sino mi palabra, “ tan sólo” mi palabra.





Mis clases de filosofía más adelante me sirvieron para conocer más sobre más pensamientos, más diversidad de perspectivas, más manera de llegar o creer llegar al conocimiento o a la verdad de algo. Y además, mis dudas en esas clases causaban la burla y el desconcierto entre mis compañeros y en el profesor, pero ayudaron a que la clase interviniera más activamente en las discusiones que se planteaban. Recuerdo que estudiando a Santo Tomás de Aquino, el cual defendía que Dios es la causa “incausada” hicieron que me inventara por razonamientos una teoría que destruyera la de este filósofo. Dije que “no existe la causa incausada”, que todo es un ciclo, y es eterno. Mi profesor me puso un mote, me llamó Nietzsche, sin haberlo dado aun, y yo no comprendí por qué hasta que no llegó el momento de estudiarle. Puedo indicar un tercer objeto: una muñequera de la república española. Y tiene su explicación: en este mi antiguo instituto, los alumnos iban con la bandera de España en cinturones, calcetines, mochilas, y cantaban el “cara al sol” por los pasillos, a veces incluso dibujaban el águila imperial en la pizarra. No todos eran iguales pero mcuhos tenían ese comportamiento. Mi reacción fue esa. Irme al otro bando, al extremo, y al final me gustó incluso el ideal republicano. Libertad, la religión deja de tener prestigio, solidaridad e igualdad… También me gustó el ideal de Marx (aunque en filosofía me lo pintaron de negro) y su sociedad comunista, donde no existieran las desigualdades.



Gracias a esto creo que soy una persona que siempre se cuestiona las cosas y le da muchas vueltas, que le apasiona descubrir, deducir, crear, transmitir, transformar… encontrar explicaciones a cosas que nadie ha conseguido darlas, plantear hipótesis, no tomar nada como verdad absoluta cien por cien, dejar siempre espacio a la duda, que para mí es la mejor vía para alcanzar el conocimiento de cualquier tema. “La ignorancia afirma o niega rotundamente, la ciencia duda” es una frase cuyo autor no recuerdo, pero que puedo aplicar en este contexto: “la iglesia y el ateo afirma y niega respectivamente rotundamente, el agnóstico duda”. Al final hallé mi equilibrio, mi término medio, conseguir abandonar el extremo: soy agnóstico y además me siento contento de tener la mente abierta y flexible.
Todo esto en cuanto a la historia de mis pensamientos, de mi ideología y de mis creencias. Esto ha influido en mi vida educativa, en mi formación, en mi socialización. Pero no es lo único. Considero muy importante también las emociones durante esta etapa, y antes de mostrar ahora el cuarto objeto, debo contar una breve historia que está relacionada tanto con mi timidez como con el entorno donde me movía entonces.
Como decía, mi timidez más un entorno masculino influenció de forma negativa a mis relaciones con chicas: no me sentía nada cómodo hablando o intentando hablar con ellas, o al estar simplemente al lado, o incluso cuando me miraban. Me ponía nervioso. Lo peor era que me deprimía pero no podía solucionarlo. También sufrí un poco de acoso escolar, durante segundo y tercero principalmente, no encajaba en ningún grupo, me sentía un tanto marginado y mis calificaciones académicas comenzaron a bajar hasta suspensos impensables. En cuarto de secundaria, los amigos de siempre, del barrio, se echaron novia y se fueron por su lado, viéndome sólo, en mi casa, enganchado a juegos de ordenador y haciéndome amigo de la misma radio. Al menos mantuve una afición que me sigue apasionando incluso cuando escribo esto: es decir, mantuve mi pasión por escribir, cualquier tipo de escritura, rap, poesía, relatos, cuentos cortos, reflexiones, etc. Me refugiaba en el papel, escupía mis depresiones y me hacía sentir bien, pues el papel es el único que escucha sin interrumpirte.
Hasta entonces, mi idea sobre “qué seré de mayor” abarcaba muchos horizontes, muchas opciones apetecibles: me gustaba la física, la filosofía, la historia, la educación, las telecomunicaciones, el deporte, etc. Si, el deporte me apasionaba, sobre todo el fútbol, el cual siempre he practicado, mis recuerdos no son capaces de manifestar el momento en el que empecé. Al final, entre otras, destacaba una ilusión, ser maestro de educación física. Esto hizo que me apuntara en un gimnasio, así que además de ir al instituto tendría un lugar más donde relacionarme con la gente. Así comenzó mi formación en Bachillerato, aun estando en el mismo centro, cada vez sentía que me conseguía integrar más y que tenía más facilidad para relacionarme con todos en general. Entonces hice amistad con alguien que estaba apuntado en un cursillo de educación no formal de animación sociocultural (monitor de tiempo libre) al lado de mi barrio (en Palmete). Me apunté curioso y con ganas de establecer más relaciones con iguales.
Llegó el momento en el que me sentía más vivo que nunca: iba al instituto, al gimnasio y a unos cursillos de monitor donde por primera vez compartía techo (ajeno a la familia) con chicas. Al principio los nervios, el no saber cómo actuar… Fue la primera vez que me sentía parte de algo: “Reactiv@s”, un grupito de monitores/as que hacen cosas por el barrio. Aquí se produjo un cambio importante en mi vida, sobre todo en lo relacionado con mi timidez: cada vez actuaba con más naturalidad, con menos nervios y con más seguridad. Perdí un poco el miedo a hablar en público y comencé a dejar de pensar en la imagen que yo daba a los demás; no sentía la presión social sobre mi conducta como antes. Por si fuera poco, también me apunté al voluntariado de mi instituto (ONG, cooperación internacional) para ayudar a personas mayores o para pintar casas de barrios desfavorecidos. Mis notas no se vieron afectadas, al contrario, ascendieron, así que cuánto más hacia mejor me iba. Y ya comenzó mi interés por una carrera llamada “pedagogía” que podría plantearme hacerla después de magisterio de EF o de la INEF. Como todo esto supuso un gran cambio en mi vida, quiero citar como mi cuarto objeto (en realidad dentro de mi cuarto objeto habría varios pero todos están relacionados con lo mismo): los diplomas de dos años consecutivos de monitor y una foto de la revista de mi instituto en la que salimos mis compañeros y yo tras pintar una casa del barrio “los Pájaros”. Además todo esto me ayudó, como he dicho antes, a relacionarme mejor con todos en general, y perdí ese pánico con las chicas, teniendo mi primera experiencia sentimental durante primero de bachillerato.




Pero existían riesgo para mis resultados académicos: de nuevo, las calificaciones comenzaron a bajar (aunque siempre mi media ha estado en torno al 6) suspendiendo algunas. Las relaciones amorosas por llamarlas así traen consigo buenas experiencias, pero también malas, como celos, comeduras de cabezas, mentiras, miedo, desconfianza y finalmente cuernos… Sí, mi vida sentimental es una mierda, o al menos empezó así, con un palo gordo por así llamarlo. Y ahí entraron en juego mis padres, mediante el quinto objeto que debo mencionar: mi móvil. A pesar del daño que me produjo esa chica estaba ciego, y mis padres, mediante un condicionamiento operante de castigo negativo me hicieron ver: me quitaron el móvil, y ante la desaparición de este estimulo apetitivo y necesario para mi vida social disminuyó mi conducta de llamar, buscar, pensar, intentar hacer algo para volver con ella, etc. Me abrieron los ojos en definitiva.
Tras todo esto, mi vida cambió radicalmente como podemos deducir, y también mi manera de concebir la realidad y de actuar: antes era más negativo pero me volví positivo, y el “podemos” me lo robó la selección española y el canal cuatro, pues esa frase me la inventé yo. Y aquí estoy, tras no darme la nota para acceder a educación física, en pedagogía, y no me arrepiento nada, pues estoy en el periodo más feliz de mi vida hasta el momento, he sacado en el primer cuatrimestre notas que nunca imaginaría (he logrado mi primera matrícula de honor, conseguida en bases filosóficas), lo hago todo con optimismo y con ganas y placer de hacer lo que me gusta (aunque un poco quemado por el esfuerzo empleado en el primer cuatrimestre). He retomado también la lectura y la escritura que dejé aparcada durante el verano, y me siento más incluido en un grupo que nunca, me siento como si cada vez que fuera a clase, fuese una familia. Además sigo en los cursillos de monitor haciendo proyectos, gymkhanas, talleres; en el voluntariado universitario en el colegio “Adriano del Valle”; haciendo deporte por mi cuenta; etc.

Bueno, pues tras todo esto concluyo este comentario sobre los objetos, pues si tuviera que pensar en más objetos y sus respectivas referencias tal vez gastaría las letras del teclado literalmente. Me siento mejor participando en la vida social que en mi casa siendo amigo de la radio lógicamente, pues como diría Unamuno “el hombre no tiene raíces, tiene patas” (no sé si lo dice así exactamente). Tan sólo diré que seguiré luchando para alcanzar mis propósitos y haciendo lo que me gusta: ayudar a los demás y escribir para transmitir mis locuras…