El poder de las palabras.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras.
Sin embargo, pienso que una sola palabra vale más que mil imágenes, porque las palabras te invitan a imaginar...
...y es más bonito jugar con la imaginación que ver directamente una imagen.


martes, 1 de febrero de 2011

El precio de la libertad (parte 2 de "rumbo fatal hacia el destino de los vivos")

Cerró los ojos. A su alrededor, los pájaros comenzaban a cantar, la brisa temprana acariciaba las hojas de los árboles, dejándo caer suávemente al suelo aquellas que ya se habían secado. El sol empezaba a dejarse ver entre las montañas y la niebla mientras que la luna le daba la bienvenida, antes de esconderse de nuevo.
Pero él seguía con los ojos cerrados, torturado por incesantes recuerdos. Sentía la brisa en su rostro y el dolor en su espalda malcurada. El sol le molestó, y tuvo que abrir los ojos para levantarse y caminar hacia la sombra más próxima. Cogeaba y sus lágrimas iban mojando aun más un suelo verde y húmedo. Se detuvo, observo con rabia esas lágrimas que caían y volvió a cerrar los ojos.

De nuevo, el recuerdo de su sangre manchando el albero le derrumbó. Llorando se arrastraba, pensando en su compañero, que no tuvo mejor suerte que él. Jamás olvidará aquel ser dorado, que empuñaba una espada, atravensando la nuca de su fiel amigo y de cómo sus ojos se volvían hacia atrás, al tiempo que el sonido de un público salvaje y sediento de sangre aplaudía. Al llegar a aquella sombra, quedó profundamente dormido.
El ruido de sus otros compañeros le despertó. La voz de aquel que le cuidaba ordenaba a las criaturas a seguirle hacia la misma plataforma donde dias antes, él y su compañero fueron secuestrados, llevados a aquel lugar horrible, a ese mundo horrible, donde torturan, donde aplauden la muerte, privándoles de agua, comida y libertad.



Recordó de nuevo. Con la mirada pérdida, clavada en la camioneta, visualizaba su furia en ese lugar, su carrera a la nada, su venganza. Visualizaba las caras de terror del público y el asesino de su amigo, a sus pies. Su espalda castigada por palos afilados, y su sangre pintando el albero. Y el precio de su libertad.

Nunca más volvió a vivir en paz, aunque habitara en ese campo maravilloso. Nunca más sería feliz. No lo comprendió: ¿Cuánto sufrimiento vale la libertad?



La cultura implica cambiar un arte para mejorar (la lucha de gladiadores era cultura, tirar la cabra desde un campanario era cultura...). La tortura es el paso atrás del ser humano y el fracaso de la sociedad. Toreo: ¿tortura o cultura? Yo cada día lo tengo más claro

jueves, 2 de diciembre de 2010

Un espacio para dos, un espacio por y para la IGUALDAD.

Al leer un periódico, al escuchar la radio, al oír a la gente rumoreando por las calles, al ver la televisión durante un almuerzo familiar, al navegar por internet, al visitar a tu abuela y abuelo o al ver salir a niños y niñas de un centro educativo podemos identificar sin dificultad y, sin ser necesario pensarlo, que nuestra sociedad es como un pájaro en el que el hombre es un ala y la mujer otra, y hasta que ambas no estén posicionadas en igualdad nuestra sociedad no podrá despegar ni volar hacia un mundo mejor: no progresará. La convivencia no puede verse favorecida en un escenario donde haya alguno o alguna que domine y otro u otra en inferioridad. Varios principios fundamentales se corean al tiempo que se respira democracia: igualdad, libertad, tolerancia, convivencia, solidaridad… ¿Estamos en una sociedad democrática? ¿Existe realmente alguna sociedad democrática al cien por cien para todos y todas?



Es algo que siempre está ahí. Sólo hay que pararse un segundo y meditar. El mundo de los seres humanos no es el mundo de los hombres, sino el mundo de los hombres y de las mujeres. Las únicas diferencias existentes entre ambos son de carácter biológicas, las cuales no impiden que los hombres realicen tareas consideradas “femeninas” ni que las mujeres realicen tareas consideradas “masculinas”. Las diferencias peligrosas son las que ha creado la sociedad, el mundo de los hombres, la historia del machismo, nuestra sociedad patriarcal. Por lo tanto, el sexo de una persona no debe ser motivo de exclusión o rechazo de determinadas funciones de nuestra sociedad, es decir, biológicamente somos diferentes pero como seres humanos somos iguales. Con ello, hay que afirmar que el género es una etiqueta que la sociedad ha colocado y la causa de las desigualdades entre los hombres y las mujeres. Y todo esto va más allá: la violencia de género se cobra centenares de víctimas mortales en España y millares en todo el mundo (por no decir millones). Además, tan culpables son los agresores como las mujeres que no lo denuncian, tan culpables son la educación recibida como el silencio o la ignorancia consciente de los que no la sufren.



Se debe transformar la sociedad para mejorar, modificar la concepción social del término género por una percepción más igualitaria. Así sí podríamos reconocer con sinceridad que vivimos en una democracia. Esa transformación puede lograrse de varias maneras: eliminando anuncios y publicidad sexistas, concienciando a personas con mentalidad conservadora, etc. Sin embargo, es en educación donde se debe trabajar este tema, fundamentalmente. La educación puede transformar la realidad, eliminar desigualdades y concienciar.



Algunos o algunas ven imposible lograr lo que propongo y proponen otras personas. A pesar de ello, propongo que esas personas abran su mente, pues pienso que lo imposible sólo existe en la mente de los incapaces…

…y siempre diré que PODEMOS.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

El calor de la amistad.

El frío me castigaba mientras dibujaba mi nombre en el cristal del autobús. Mi nombre solitario descubría detrás suya que había llegado a mi destino. Me bajé y la niebla cubría mi alrededor. Figuras fantasmales y estrellas que nacían en el horizonte se dejaban notar a cada paso que daba. Crucé la acera, miré al cielo y capté al fin el reloj del torreón de derecho: ya eran las ocho.

Mi cuerpo comenzaba a entrar en calor cuanto más próximo estaba de mi facultad. Y es que cuando un alma solitaria, que vaga por el frío invernal, siente la energía que necesita para continuar, empuja con fuerza y furia a un cuerpo dormido por la helada, y lo calienta para que pueda continuar.

Entonces lo comprendí: el espíritu me abandonó adelantándose a mis pasos, ya se encontraba entre las paredes de la facultad. Lo que realmente calentaba mi cuerpo, era el calor de la amistad. Estaba deseando reencontrarme con ese grupo de universitarios e universitarias que, prácticamente, se habían convertido en amigos/as.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Felicidades Nala.

Querida Paloma.

No recuerdo exactamente el momento en el que nos conocimos. No me refiero a cuando nos presentamos sin más, eso lo recuerdo bastante bien: mi primer día en Reactiv@s, donde una morena muy guapa me dijo que se llamaba Paloma. Me refiero al momento en el que comenzamos a congeniar, a compartir ideas, a compartir tiempo, a compartir amistad. Tampoco me preocupa pues lo que me es realmente importante es seguir siendo tu amigo.
Y mirando atrás, me sorprende todos los momentos que ya hemos pasado juntos: hemos jugado al futbolín, hemos viajado, hemos pasado frío, nos hemos reído, nos hemos apoyado en momentos duros, hemos amanecido juntos, hemos estado noches sin dormir fumando cachimba y viendo “luces místicas”, hemos paseado con las bicis, hemos cantado las mismas canciones ante la mirada envidiosa de alguna vieja del autobús, hemos pisado la arena de la playa, el agua de lagos y ríos, la vegetación de las montañas más bellas de andalucía...

Esa niña que conocí se ha hecho un poco más mayor, ha cruzado el umbral de los 18 y por ello te felicito. Pero realmente esta carta no sólo es para felicitarte por tu mayoría de edad.
También es para felicitarte porque, aunque no lo creas, veo como mejoras día a día, como te superas, como te levantas al caerte una y otra vez. Veo como aumenta tu compromiso con las personas, como comienzas a inquietarte tu futuro y como quieres luchar por ello. Aunque te sigo conociendo, he descubierto que tienes una personalidad única e irremplazable, que eres una persona con la que es agradable pasar el tiempo. Nadie ha elegido su vida, hemos nacido y hemos luchado para mejorarla, pero si hubiera tenido que elegir una vida, seguramente hubiese elegido la misma, porque creo que sería imposible encontrar a una persona como tú en otra vida. Por eso, quizás me debas felicitar tú a mí por tener tu amistad.

18 años, quizás no conté desde cuando te conozco, pero no voy a empezar a contar, pues espero que sigas cumpliendo años y yo siga cerca de ti. Y como nunca lo suelo decir, ahora aprovecho y te lo digo: TE QUIERO UN MONTONAZO. Felicidades de nuevo preciosa.

lunes, 11 de octubre de 2010

Un papel puede liberarte de la opresión de unos sentimientos negativos.

Otra vez. Algo dentro de él cambió de nuevo, dándose cuenta del maldito ciclo al que ha sometido unos sentimientos que pensaba que jamás reaparecerían. Fue poco a poco enterrándolos durante los últimos tiempos de su adolescencia, creyendo que nunca se desenterrarían. Un chico negativo mejoró su autoestima. Un chico tímido perdió la timidez. Un chico dolorido aprendió a aprender tras cada golpe, a levantarse tras caer. Un chico cambiante logró encontrar aquello con lo que se identifica: rap, rock y heavy metal. Un chico mediocre consiguió ser constante y lograr conseguir cualquier cosa que se propusiera a base de esfuerzo, ilusión y optimismo. Pero no sabía que tarde o temprano se tendría que enfrentar por enésima vez al mismo enemigo que le ha venido acosando desde que “salió del cascarón”: el miedo a la soledad, la falta de seguridad en sí mismo, el bajón de autoestima, el sentirse distanciado de todo, de las personas, del amor, del mundo. En esos momentos ese chico se siente distinto, vacío y terriblemente envidioso: por qué los demás sí… Quizás se deba enfrentar a todo eso, no para enterrarlo, sino para sacarlo de su vida; se ha convertido en una espinita que daña lentamente su alma, una sanguijuela que le va chupando optimismo, nublando su mente y reduciendo lentamente los latidos de su corazón. Descubre día a día que el corazón no muere cuando deja de latir, sino cuando late sin sentido.
Un buen amigo, de los pocos que tiene ese chico del que hablo, le dijo una posible verdad, una esperanza a la que se aferra más que nunca: “no encontrarás a la chica perfecta, sino a la chica perfecta para ti”. No obstante, ese chico sabe tras muchos palos que no debe buscarla, simplemente dejar que aparezca cuando llegue el momento elegido por el azar de la vida. Los pensamientos no le dicen nada bueno, no le prevén el éxito… siguen torturándolo. Ha llegado el momento de que tape sus oídos, cierre sus ojos y escuche a su corazón: “sé tú mismo, haz lo correcto. Siembra, cuida tus actos. Tal vez alguna tormenta dañen algunos frutos, pero sigue sembrando. Algún día podrás recoger tus frutos, mirar al pasado y sonreír a los pensamientos que habrás echado de tu mente”. Como dijo otras veces, “no puede buscarlo, simplemente seguir levantándose por las mañanas y esperar”.
En todo este sin sentido el chico se ha terminado dando cuenta de que está en el suelo, levantándose. Ha conseguido expulsar gran parte de unos sentimientos negativos con mi ayuda. Él sabe que no sólo sirvo para secar lágrimas: también puedo ayudarte a desnudarte espiritualmente, substraerte la espina que daña tu alma y liberarte. Él ha aprendido a desahogarse conmigo, y puedes hacerlo. Soy el único que no te va a interrumpir cuando hables.
Si las lágrimas son la tinta perfecta, yo, el papel, soy el más adecuado para limpiar tu alma, iluminar tu mente y reanimar tu corazón. Puedo guiarte a la libertad.

jueves, 5 de agosto de 2010

Rumbo fatal hacia el destino de los vivos.

Como otro día cualquiera, el sol se dejaba ver entre las montañas del fondo, esta vez las nubes le acompañaban como si a la esfera dorada y resplandeciente se le hubiesen pegado las sábanas. Me incorporé al tiempo que los gallos anunciaban un nuevo día. La brisa fresca de una mañana primaveral, el sonido de los pájaros, el agradable aroma inconfundible del campo, cuyo verde se extendía hasta perderse en el horizonte, constituían un momento único, bello e ignorado por otros seres de la Tierra.
Me disponía a desayunar cuando mi compañero me miró, con los ojos entreabiertos, despertándose. Se levantó y fuimos a deleitarnos con un desayuno fresco y sencillo, como de costumbre. El tiempo pasó deprisa y, cuando nos descuidamos, el resto de nuestros compañeros ya estaban a nuestro alrededor buscando la sombra de los árboles para protegerse del calor propio de ese día. Acudí a un pequeño riachuelo, sediento, cuya agua fresca provenía de esas bellas montañas que en inviernos cubren su cumbre de blanco.
Era apetecible echarse un rato en esa hierba para reposar y disfrutar de la paz y la armonía de ese paraíso, pero sentí que me vigilaban. Giré mi cabeza hacia la derecha, y descubrí cuatro extraños seres, mirándonos fijamente. La curiosidad se apoderó de mí e hizo que acudiera al encuentro de éstos. Me detuve enfrente de ellos, examinándoles de arriba abajo. Uno de ellos me resultaba familiar, pero los demás eran caras nuevas. Pensé que eran inofensivos, así que bajé la guardia y volví con mis compañeros.

De repente, el ser que me era conocido nos llamó a tres de nosotros. Había algo grande tras él, una estructura extraña. Nunca lo había visto, no era un árbol, ni una roca, ni una caseta de madera, ni un muro de piedras: unas puertas se abrieron y nos invitaron a entrar. Nos separaban de nuestros compañeros: ese extraño objeto gigante donde nos encontrábamos comenzó a moverse y, a través de unas pequeñas ranuras en la puerta ya cerrada, veía cada vez más lejos el lugar donde viví hasta entonces, mientras una lágrima valiente se dejaba caer por mi rostro.
Hacía mucho calor y tenía demasiada sed, pero no encontraba el modo de salir de ahí para buscar un riachuelo, ni agua fresca dentro de este extraño e incómodo lugar movible. Así que simplemente tuve que asimilar la situación y dedicarme a mirar por la ranura de la puerta para estar entretenido, mientras me preguntaba constantemente a dónde nos llevaban. La sed, el hambre, la oscuridad y el aburrimiento provocaron que tirase la toalla y cerrara los ojos, buscando desesperadamente perderme en sueños profundos.
Una intensa luz me iluminó y me despertó, arrancándome de mi paraíso campestre para arrastrarme de nuevo hasta esa extraña plataforma movible, cuyas puertas ya se abrían. Dos seres desconocidos, quizás los que anteriormente vi en mi hogar, nos obligaron a salir de allí, y descubrí conforme salía, un suelo bastante gris, cubierto por numerosos soles y montañas extrañamente estructuradas perfectamente, rectas y con luces en su interior. El aire de esta zona estaba bastante cargado, a penas sentía alguna brisa y tampoco escuchaba el sonido de ningún río. Me detuve, miré al suelo pero no veía ninguna planta y era bastante duro, miré al cielo pero no veía estrellas, por lo que dudé si realmente era de noche. La luna era la única que no me había abandonado, además de mis dos compañeros, tan sorprendidos y confusos como yo. Escuchaba el sonido de los pájaros, por lo que el amanecer estaba bastante cercano, así que habría pasado la noche en el interior de esta incomodidad que nos condujo a este mundo tan extraño.
Mi estado de ánimo cayó estrepitosamente al tiempo que esos dos seres daban gritos y nos obligaban a avanzar hasta el interior de una gran roca con numerosas entradas. Más seres de la misma especie acompañaron a los mencionados para obligarnos a mis dos compañeros y a mí a entrar. Finalmente, me encerraron en un lugar cerrado por cuatro paredes, completamente a oscuras, aunque tenía la esperanza de que con el amanecer comenzara a quitar un poco la ceguera que provocaba estar en ese lugar, pues no veía nada.

El tiempo pasaba, se me hacía interminable, me desesperaba. Tenía hambre, calor, muchísima sed y ganas de chocarme contra la pared. Me estaba volviendo loco y, sin ningún sueño, me dedicaba a examinar la oscuridad. El silencio se hizo sonoro, dejé de escuchar tan sólo mis escandalosos pasos para descubrir que algo ocurría en alguna parte del exterior más próximo. De repente una intensa luz volvió a cegar a unos ojos cansados de mirar y no ver. Alguien entró en el lugar donde me encontraba y me obligó a salir de él. Lo veía todo borroso conforme más me aproximaba a la luz que me acababa de sorprender. La incertidumbre se apoderó de mis pasos, que con torpeza caminaban discutiendo si avanzaban o retrocedían. Quise ser prudente, pero poco a poco me acabó envolviendo un miedo, cuyos efectos no lo manifestaba externamente, sino en mis razonamientos. Quise ser positivo, por lo que pensé que simplemente el miedo era exceso de prudencia.
Finalmente salí de aquel lugar, bastante forzado. Sonidos extraños envolvían el ambiente. Descubrí albero acompañado de suelo duro bajo mis pies, por lo que quizás sería el momento de regresar a ese lugar donde pertenezco, donde soy libre. Mi vista intentaba acostumbrarse a tanta luz tras tanto tiempo en las sombras, pero de nuevo los extraños seres que me transportaron aquí me obligaban a avanzar sin descanso y sin sentido aparente. Con tranquilidad me disponía a cumplir sin remedio esas órdenes, pero me comenzaron a hacer daño, provocando que demostrara el efecto de largo tiempo corriendo por las verdes praderas que ya añoro con locura.

Me precipité sobre la más fugaz de las luces y salí ciego al exterior a toda velocidad. El sonido de una multitud gritando y aplaudiendo castigaba mis oídos y alimentaba mi confusión. Una figura dorada se interponía en mi camino a la nada. Me dolía la vista, así que cerré los ojos y seguí avanzando, disminuyendo la velocidad hasta pararme. El sudor bañaba mi cuerpo, quería encontrar la sombra en ese lugar, así que poco a poco abrí mis ojos para intentar acostumbrarme al ambiente. Bajo mí distinguí, de nuevo, albero y, poco a poco, giré la cabeza a mí alrededor para buscar alguna sombra para protegerme del sol o agua para saciar mi gran sed. No obstante no encontré nada. Estaba encerrado por muros de piedra rojizo, sin aparentes salidas. Ahora sí, distinguí miles de seres extraños como los que me echaron de mi hogar, en la parte superior, rodeándome. La figura dorada se volvió a aproximar a mí, y comenzó a gritarme, a insultarme, a echarme tierra en mi rostro. Era otro ser como todos los demás, aunque con una piel resplandeciente. Finalmente, tras sacarme de quicio, intenté asustarle corriendo hacia él, pero con bastante agilidad esa figura me esquivó, poniendo en su lugar esa especie de tela con la que me choqué anteriormente, mientras la multitud de los muros rojos cantaban y sonreían. Repetí en vano la misma operación, hasta que me invadió la curiosidad y comencé a caminar muy cercano al muro. Por unas ranuras otros tantos seres asomaban la cabeza incluso el cuerpo, y se escondían cuando me aproximaba a ellos.

La figura dorada volvió a sacarme de quicio y, cuando intenté asustarla de nuevo, me esquivó. Pero esta vez me hizo algo más. Grité de dolor, pues sentí como atravesaban mi espalda con algo afilado. La sangre se deslizó hasta caer lentamente, pintando el albero. Intenté sacarme lo que sea que tenía en la espalda, pero no lo conseguía. Confundido y furioso cargué con mucha más dureza contra esa figura dorada, que seguía esquivándome al son de los cánticos de unos seres que me parecían cada vez más extraños. Tras un rato de embestidas a esa manta que se interponía entre mí y la figura dorada, sentí como, de nuevo, me atravesaban la espalda. La sangre seca fue cubierta por otra más caliente. La herida esta vez me hacía más daño. Me escocía la espalda. Giré la cabeza y conseguí ver una especie de palo de colores que se movía al moverme y que igualmente me hacía sufrir. En ese preciso instante, en el que el hambre, la sed, el cansancio físico, la falta de aire y el daño que ese ser me estaba propiciando me torturaba, comprendí una cosa: si no luchaba jamás regresaría a mi tierra, jamás saciaría mi sed o mi hambre, jamás volvería a ver a mis seres queridos. Tendría que esforzarme para sobrevivir, tendría que derribar al ser dorado para intentar huir o ser aplaudido con estos seres de los muros, sedientos de sangre.

Mientras goteaba sangre, sabía que mi cuenta atrás se aceleraba. Con casta y coraje comencé a correr contra ese ser nuevamente, siempre en vano. El dolor de mi espalda era significativo, sobre todo tras recibir el tercer golpe afilado acompañado, como no, con el aplauso de esos horribles seres de los muros. ¿Qué hemos hecho los habitantes de mi especie para ser sometido a tanta injusticia?, me preguntaba mientras miraba al suelo. El ser dorado me miró con crueldad y aires de superioridad. Al ver que yo permanecía inmóvil, bajó la guardia y se giró con el aplauso de su público. En ese momento, la ira y las ansias de libertad se apoderaron de mis pasos y con fuerza y velocidad arremetí contra ese ser. De nuevo, me esquivó, aunque esta vez más torpemente. Me giré rápidamente porque sabía que esa vez sería mi gran oportunidad de liberarme, y corrí hacia él. Me puso por medio esa tela, pero ya no me la iba a jugar más. Tras pasar la tela me detuve en seco, miré a mi izquierda y a mi derecha velozmente y, al encontrarle, me precipité sobre él, derribándolo. Creía que los seres de los muros aplaudirían mi actuación, pero, al contrario, se llevaron las manos a la cabeza, gritaron con terror y me abuchearon.
No comprendía nada, me detuve en medio de ese lugar al tiempo que los seis palos afilados de colores seguía torturando mi espalda. Varios seres entraron para rescatar al dorado, pero ¿a mí quien me rescata?, pensaba. No me podía creer que en ese momento valiese más aquel que luchaba ansiando sangre que el que ansiaba libertad: ni siquiera había igualdad. El cansancio se apoderó de mí y me dejé caer sobre mis pies.
Después de descansar un poco en el centro de ese lugar, subí un poco la cabeza, descubriendo que se volvía a aproximar el ser dorado. Llevaba consigo, además de esa ridícula tela, un palo afilado, una espada.

No podía levantarme, mi visión se nublaba a la vez que se acercaba ese cruel ser. Escupí sangre, respiraba costosamente y con seriedad miraba a mi enemigo. Había llegado mi hora, sentí un fuerte dolor en la nuca, me estaban atravesando. De reojo observaba a esos seres en los muros riendo, cantando y festejando mi muerte. La sangre inundó el suelo, mi cuerpo lentamente se desplomaba hacia la izquierda y ya no podía respirar, pues me estaba ahogando en sangre. Dos lagrimones nublaron por completo mi vista, la cual ya regresaba a esa tierra que añoro: a esos montes, ese verde, esos ríos, esos árboles, mi familia, mi hogar, mi libertad. Sentí de nuevo la brisa, volví a ese extraño lugar una vez más, sintiendo que me cortaban mis orejas y me arrastraban por el suelo y, finalmente, regresé a ese sueño. Ya no sentía dolor; ya no tenía ni sed, ni hambre, ni miedo; la muerte me esperaba y yo iba a ella, con ganas, pues ese ser, que creo recordar que se llama humano, me había robado mi sueño: vivir…



…ya regresaba a esa tierra que añoro: a esos montes, ese verde, esos ríos, esos árboles, mi familia, mi hogar… mi libertad.




¿Cultura o tortura? Sí, es una pregunta retórica: ya conocemos la respuesta...

martes, 13 de julio de 2010

ME ROBARON EL PODEMOS, Y AHORA NOS ROBAN EL AU AU AU!!!, ESPAÑA!!, GRACIAS!

Dos lagrimones valientes se escaparon de mis ojos cuando el árbitro pitó el final del partido, mientras narraban que “por fin, lo hemos conseguido. Somos Campeones del Mundo”. Fue la culminación de los cuatro días más intensos y apasionantes de mi vida, a lo largo de los cuales me he sentido monitor, amigo visible e invisible, caballero oscuro, capitán espartano y más español que nunca. Cuatro días durante los cuales perdí la noción del tiempo, sustituyéndose por felicidad y múltiples carcajadas, por no olvidar las dos caídas más dulces de mi vida: la primera durante una carga espartana a una cadena en plena noche y la segunda tras el gol de Iniesta, escaleras abajo. La euforia recompensó a una mente que desde antes de la Eurocopa de hace dos años se había vuelto optimista. Marcó Iniesta, y mis gritos, mis saltos, mi caída, mi piel de gallina, mi pasión, mis ganas, desahogaron mi alma, con tantas cosas que tenía que sacar de mi espíritu. Celebré que el sufrimiento de todo tiempo anterior siempre se recompensa y me dejé llevar por el instinto y mi corazón, dejando respirar a la razón. Desaté toda mi furia y mi tensión acumulada a lo largo del tiempo corriendo sin parar y en varias ocasiones a “sprinte” desde mi casa hasta Palmete, para abrazar a uno de mis mejores amigos, español de sangre y espartano de corazón.
Un dicho tradicional de nuestra cultura dice que “nos moriremos sin ver ganar un mundial a España”, pero porque no saben que existe una palabra llamada PODEMOS. Y es verdad, abusé de esa palabra desde que la puse en la calculadora antes de aprobar mi primer examen de Física, allá por cuarto de ESO, hasta hoy. Pero funciona. Creo que he hallado el secreto del éxito: esfuerzo, comprensión, deseo y optimismo. Y lo mejor: España también lo ha hallado y ha levantado millones y millones de corazones que por un momento han olvidado sus problemas y diferencias, uniéndose en una marea roja común y diversa. Ya lo dije en 2007 en el rap de Reactiv@s: “todos somos uno, juntos Podemos”. Me lo robó CUATRO por un bien común, y ganamos la Eurocopa del año siguiente. En el campamento del pasado año surgió un grito y el forjamiento de una identidad de grupo espartana: Leónidas!!! Au! Au! Au! viéndose transformada en este campamento, por un: “Espartanos!, cual es vuestro oficio!!... AU AU AU!!”. A nosotros; Cubero, Reyes, Manu, Jesús, Jesús II y Javi Portillo; se nos puso la piel de gallina, pues Sergio Busquets dijo, durante la celebración de lo logrado nuestro lema, el ya citado “ESPARTANOS CUAL ES VUESTRO OFICIO!!!! y España entera cantó nuestro “AU AU AU!!!!!!!!!!!”.

Sentirse orgullosos y orgullosas de donde procedéis, del por qué lucháis. Sentirse feliz y a la vez humildes ante los éxitos, pequeños o grandes, de vuestras vidas. Sentirse GRANDES por cada deseo, esfuerzo, podemos, acto y hecho. Nunca bajar los brazos en días de tormenta, pues al final siempre sale el sol.

GRACIAS ESPAÑA POR EL MUNDIAL QUE NOS HAS REGALADO. GRACIAS APREDAT, AJA Y REACTIV@S, POR CAMBIAR MI VIDA. GRACIAS COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DE PRIMERO DE PEDAGOGIA, POR HABERME HECHO SENTIR UNO DE VOSOTROS Y VOSOTRAS EN LA CLASE MÁS BUENA DE MI VIDA. GRACIAS!

ANIMO ABUELO, ERES EL MEJOR PACIENTE DEL VIRGEN DEL ROCIO Y EL MEJOR ABUELO QUE SE PUEDE TENER! TE RECUPERARÁS PRONTO, LO SE,

y… sabes por qué? …

…porque PODEMOS!!!!

y porque nuestro destino no es alcanzar una meta, sino alcanzar la promesa de seguir “PALANTE”! sin temor a nada, ni siquiera a “un millón de persas” xD

Espartanos!! cual es vuestro oficio???

AUUU! AUUU!! AUUUU!!!